Mariana Layún

La Alegría de Bailar

por Berenice González Durand

Con apenas 12 años de edad, el talento de esta joven bailarina mexicana ha quedado de manifiesto en los grandes escenarios del mundo. Sus cualidades artísticas y férrea disciplina la convierten en una sólida promesa de la danza clásica nacional, y por ello cuenta con el patrocinio de Aeroméxico.

Todos los días, Mariana ensaya religiosamente durante seis horas. El rigor que exige la danza clásica tiene su precio: entre balancé, chassé, plié y demi-plié aparecen las ampollas y los pies dormidos, pero todo se compensa cuando alcanza la gloria sobre el escenario. Ella, que a sus 12 años de edad es toda una veterana, empezó a estudiar ballet en su natal Córdoba, Veracruz, cuando tenía cuatro años. En ese entonces se contagió del entusiasmo de su hermana mayor, quien desaparecía tras de las puertas de la Academia Fomento Artístico Cordobés, para salir horas después con una gran sonrisa. Mariana decidió que también quería divertirse y empezó a bailar. Recuerda que a los nueve años le compraron sus primeras puntas. La experiencia fue un tanto dolorosa, pero el cielo -literalmente- estaba cada vez más cerca.

Entre tareas y festivales

Durante el Festival de Danza Córdoba 2004, Mariana recibió como premio ser asesorada por profesores de la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey, así como de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea, ambas pertenecientes al INBA (Instituto Nacional de Bellas Artes). Ese año también le llegó la oportunidad de mostrar su talento allende nuestras fronteras, cuando la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea la invitó a realizar trabajos coreográficos como parte de su preparación para el concurso de ballet Youth America Grand Prix, que tuvo lugar en abril de 2005 en Nueva York. Con obras como Nwomi y Kitry, logró clasificar entre las 12 mejores bailarinas del mundo en su categoría.

La coreografía de Nwomi, realizada por Gustavo Herrera, está inspirada en la historia de un ave. "Es un pájaro que juega, es perseguido y busca comida. Para interpretarlo miraba con atención las aves que viven enfrente de mi casa, unos pichones amarillos. Es muy curioso cómo observan todo, cómo se mueven antes de volar", señala Mariana. Su ejecución fue muy celebrada por la crítica, pues a pesar de su diminuta figura conquistó el escenario con su fuerza interpretativa, por lo que fue llamada a participar en la gala de clausura en el New York City Center.

Poco tiempo después, en el VII Concurso Nacional de Ballet Clásico Infantil y Juvenil, en la ciudad de Monterrey, obtuvo la medalla de oro en la categoría B. Ese mismo año fue invitada a participar en una gala en el Palacio de Bellas Artes junto con los 15 mejores bailarines jóvenes del país, convirtiéndose así en la solista de menor edad que ha bailado en este recinto.

La inspiración...

Cuando a Mariana le preguntan como quién le gustaría ser, la respuesta es inmediata: "como Irina Dvorovenko", la bailarina ucraniana que se ha convertido en una de las estrellas del American Ballet Theatre. "Ella interpreta bien, tiene cualidad y técnica", comenta, en un reconocimiento a la capacidad de expresión que requiere una bailarina para convertirse en estrella. En nuestro país, Mariana encuentra inspiración en Anaís Bueno, una de las bailarinas mexicanas más sobresalientes en la actualidad. De hecho, una de sus mentoras, la maestra Martha Sahagún, la considera sucesora obligada de Anaís, también originaria de Córdoba.

Mariana Layun comprende que para tener una carrera profesional como la de las grandes estrellas del mundo debe renunciar a muchas cosas. Cuando iniciaba, después de un concurso nacional, la descalificaron y la realidad le llegó de golpe. "Sabía que no había practicado lo suficiente y que si quería seguir en esto tenía que trabajar más", recuerda Mariana. Contaba con el apoyo de sus papás para tomar la decisión que la hiciera más feliz, pero estaba consciente de que eso no bastaba: requería un compromiso absoluto. "Se me hizo un nudo en la garganta cuando a los nueve años la escuché tomar la responsabilidad de un adulto", comenta su madre, Maribel Prado, quien considera que Mariana ha tenido la suerte de encontrar en su camino muy buenas maestras, si bien debe enfrentar los prejuicios que persiguen a quien decide tomar el sendero de las artes como una profesión. "La gente no entiende que no es un pasatiempo, sino una opción de vida. Nos gusta ver que hay mexicanos que destacan en el mundo, ya sea en el deporte o en las artes, pero no estamos preparados para impulsarlos profesionalmente", comenta Maribel.

La dedicación de Mariana ha rendido frutos. Después del Festival de Danza Córdoba 2005 recibió varias becas, entre ellas una del Ballet Kirov. Luego, en su participación en el Youth America Grand Prix del año siguiente, estableció un récord mundial como la bailarina más joven que ha realizado, al lado del también joven bailarín cubano Alberto Rodríguez, el famoso pas de deux (danza para dos) Harlequinade, lo que le valió ganar una beca para estudiar en Filadelfia y otra para Nueva York. En este último lugar acudió a la escuela del American Ballet Theatre, donde fue seleccionada para ingresar en el nivel más alto de esa institución.

Las puertas se siguen abriendo y los viajes no se hacen esperar: desde Aguascalientes hasta Shangai, los escenarios la aguardan y Mariana está dispuesta a sorprender a todos aquellos que la vean bailar.


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